Por: Héctor Barragán Valencia - El Economista
El sector salud se ha convertido en el último refugio de un sistema económico y político que ha subordinado la vida al afán de lucro. Gran parte de los males sociales y de las enfermedades actuales son consecuencia de haber privilegiado la lógica de la producción mercantil por encima del bienestar humano y del equilibrio ambiental. La evidencia científica demuestra que la obesidad, la diabetes tipo 2, los problemas cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer están directamente relacionados con el consumo de productos ultraprocesados. De igual manera, se ha alterado el ciclo circadiano para sostener la productividad. Y hay evidencia de que la contaminación atmosférica ha deteriorado la salud física y mental de comunidades enteras. Frente a estos daños, el sistema sanitario carga el peso de atender la enfermedad y la muerte prematura. Y el colmo: se culpa al individuo por su “falta de voluntad” paramantenerse sano. Así, se evita cuestionar y responsabilizar a un régimen que coloca el beneficio económico por encima del bienestar y la vida.
La salud suele ser el sector en el que recae la carga y responsabilidad de los estropicios que ocasiona el sistema económico. Los hospitales, las clínicas, la atención médica terminan funcionando como un “resumidero” de los daños provocados por una economía centrada en masificación del consumo, la ganancia y la competencia.
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