Por periodistasdigitales
La paradoja de la austeridad y el refugio de los privilegios
En la política veracruzana, las palabras suelen ser cáscaras vacías que el viento de la realidad se encarga de dispersar. El término «regeneración», tan pregonado en los últimos años, se ha convertido en una amarga ironía para el ciudadano que observa cómo los vicios del pasado no solo persisten, sino que se perfeccionan bajo nuevos membretes. Mientras el discurso oficial satura el ambiente con promesas de limpieza moral y ruptura con la opacidad, en los pasillos de la Rectoría de la Universidad Veracruzana (UV) se cocina un banquete de privilegios que ofende la inteligencia colectiva y la precaria economía del estado.
La reciente controversia sobre las llamadas «pensiones doradas» no es un hecho aislado ni un simple ajuste administrativo. Es el síntoma de una enfermedad institucional donde el poder se utiliza para blindar el futuro personal a costa del erario público. La insistencia de Martín Aguilar Sánchez por permanecer al frente de la máxima casa de estudios, mediante una prórroga que muchos consideran ilegal, tiene un trasfondo financiero que hoy sale a la luz con la fuerza de un escándalo: asegurar una jubilación superior a los 120,000 pesos mensuales, una cifra que ni siquiera la actual gobernadora, Rocío Nahle, percibe en el ejercicio de sus funciones.

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