Rolando Cordera Campos - Periódico La Jornada
Escribe Enrique Quintana que “hay momentos en los que un país entero parece mirarse al espejo con tal intensidad que deja de ver lo que ocurre a su alrededor. México vive uno de esos momentos. La conversación pública gira sobre sí misma (…) México no está fuera de la ecuación global, aunque a veces se comporte como si pudiera vivir al margen de ella (…)” (Enrique Quintana, ¿Somos el ombligo del mundo?, El Financiero, 31/3/26 ).
Tiene razón Enrique al apuntar el vicio mayor de nuestra conversación del presente: negar la complejidad del mundo y hacer caso omiso de la lección cotidiana de la globalidad: fronteras hay y no parece factible borrarlas con una reiterada afirmación de lo que entendemos por “soberanía”. El discurso que a veces emana de los corredores de Palacio se vacía de contenido y es de temerse que su insistente emisión se haya vuelto motivo de broma cruel en los otros corredores, donde busca tejerse y dar sentido al mundo desarticulado de hoy.

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