- Los aliados del presidente de Estados Unidos han diseñado una estrategia en plena escalada que pasa por designar al narco como amenaza terrorista y pone en duda la soberanía nacional del vecino
Iker Seisdedos - Washington - El País
A los mandos de la estrategia de presión sobre México diseñada desde Washington se sitúan, del lado de la línea dura, Stephen Miller y Sebastian Gorka. Son dos viejos conocidos del círculo de leales a Donald Trump, aliados ambos durante su primera presidencia a los que el jefe reclutó en cuanto supo que se había asegurado un segundo mandato.
Miller, subjefe de Gabinete y asesor de Seguridad Nacional, es el más conocido de la pareja, por su estilo agresivo y porque entre 2017 y 2021 se erigió en arquitecto de las políticas más xenófobas de Trump.
Gorka solo trabajó siete meses durante aquel primer mandato, tiempo suficiente para abogar por el polémico veto a siete países de mayoría musulmana que definió el estreno de Trump en la Casa Blanca. También, para introducir en el movimiento MAGA (Make America Great Again) una idea ya plenamente situada en el centro de su discurso: la de que el islam es una amenaza existencial para la civilización de Occidente.
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