Carlos Elizondo - El Siglo de Torreón
En la elección presidencial del 2006, AMLO pensó que era innecesario ampliar su coalición, podía solo. Quería llegar a la Presidencia sin deber favores para tener margen de maniobra. Por eso rechazó el apoyo del SNTE que le ofrecía Elba Esther Gordillo y el de Alternativa Socialdemócrata y Campesina, lidereado por Patricia Mercado. Este partido obtuvo el 2.7 por ciento del voto, casi cinco veces la diferencia entre la votación de Calderón y López Obrador.
En 2018, AMLO sabía que era su última oportunidad. Construyó una amplia, heterogénea y contradictoria coalición de intereses. En Juntos Haremos Historia cabían el PT -admiradores de Corea del Norte- y Encuentro Social, partido evangélico de derecha. Ya en la Presidencia sumó a otros, desde el Partido Verde a los restos del PRD.
Tras bambalinas había otros grupos, el más peligroso, el crimen organizado. En el 2021, está documentado, operó en varios estados a favor de los candidatos de Morena. Había un objetivo: ganar todo el poder. AMLO logró ser el líder indiscutible de tan diverso grupo, pero igual tenía que pagar favores.
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