¡Que alguien me explique!
Las escenas que testificamos del presunto atentado del sábado por la noche contra el presidente Donald Trump sólo dejan espacio para dos posibles conclusiones: la de un extremista o un “atentado ficticio” sin consecuencias
Ramón Alberto Garza - Código Magenta
Las escenas que testificamos del presunto atentado del sábado por la noche contra el presidente Donald Trump sólo dejan espacio para dos posibles conclusiones: o un extremista buscó la salida fácil para sacar al mandatario de la Casa Blanca o el mismo inquilino de la Oficina Oval o algunos de sus allegados operaron lo necesario para volver a tener un atentado sin consecuencias, para olvidar el estancamiento de las pláticas de paz con Irán, la crisis economía en la que está entrando la nación más poderosa del planeta y recuperar con el efecto “lástima” algo de lo mucho que el presidente Donald Trump ya perdió en imagen.
En el primer caso, el del extremista, estaríamos ante la cosecha de los odios sembrados por el trumpismo que tiene en su haber la mayor división social de que se tenga memoria desde la Guerra Civil norteamericana en 1861 o desde el desencuentro por los Derechos Civiles con la raza de color entre 1954 y 1968. Los ataques del ICE en numerosos estados con migrantes, que ya costaron vidas inocentes y que se desbordaron ya en las múltiples marchas del “No King”, son equiparables a los de aquellas luchas en los días de Martín Luther King.
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