Por: Arturo Damm Arnal - La Razón de México
Se cumplieron, el 9 de marzo, 250 años de la publicación, en 1776, de Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, de Adam Smith. Las tres preguntas, derivadas del título: ¿en qué consiste la riqueza?, ¿cuáles son sus causas?, ¿qué se requiere para que todas las naciones, y no sólo algunas, se enriquezcan?
Ya vimos que para Smith (y el sentido común), la riqueza consiste en los bienes y servicios que satisfacen necesidades, que su causa es su producción que consta de seis elementos: el trabajo productivo, la división del trabajo, la extensión del mercado, la proporción entre el trabajo productivo y el improductivo, la acumulación de capital, el sistema de la libertad natural que tiene tres componentes: la libertad individual para perseguir el propio interés, la libre competencia y el libre comercio, todo lo cual es éticamente justo, porque se respetan los derechos de los agentes económicos a la libertad individual y a la propiedad privada, y económicamente eficaz, porque se minimiza la escasez y se maximiza el bienestar. Toca el turno al concepto riqueza de las naciones, subrayando el plural.
¿Por qué es importante el plural? En tiempos de Smith, siglo XVIII, la época del mercantilismo, se creía, ¡increíblemente!, que el comercio internacional es un juego de suma cero: unos ganan y otros pierden. Ganan los países que exportan más de lo que importan, por lo que su balanza comercial es superavitaria. Pierden los que importan más de lo que exportan, por lo que su balanza comercial es superavitaria. Smith, partiendo del sentido común, y aplicando la lógica, demostró que, del comercio internacional, independientemente del resultado de la balanza comercial, déficit o superávit, todos ganan.
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