lunes, 9 de marzo de 2026

8M: Al Palacio amurallado no llegaron todas

Salvador García Soto - Serpientes y Escaleras

La imagen del 8M mexicano no pudo ser más gráfica y representativa del divorcio que existe entre el primer gobierno femenino en México y las demandas femeninas y feministas sobre la violencia creciente que padecen las mexicanas. Mientras los contingentes de decenas de miles de mujeres, en su mayoría jóvenes, intentaban sin éxito derribar las vallas metálicas que protegían el Palacio Nacional amurallado, la presidenta Sheinbaum se reunía con militares del Ejército y alababa a las integrantes femeninas de la Defensa Nacional a las que llamaba “tejedoras de la Patria”.

En el Zócalo de la Ciudad de México, como en la mayoría de plazas, calles y avenidas de la República, retumbaban los gritos, las denuncias y los cánticos de cientos de miles de mujeres que salieron a las calles para exigir un alto a la violencia y que se haga justicia contra mujeres asesinadas, violadas o desaparecidas. Con pañuelos morados al cuello, con mantas y cartulinas denunciando feminicidios, violaciones o desapariciones y con consignas como “Me quisieron matar pero yo fui más fuerte”, “Mami, si no regreso, búscame en la luna”, “No es normal que todas tengamos historias de acoso y abuso que contar”, una inmesa marea violeta se apoderó del Paseo de la Reforma y del Centro histórico capitalino, mientras en ciudades como Guadalajara, Puebla, Culiacán, Mérida o Monterrey, también los ríos violetas y los gritos de justicia y seguridad inundaron las principales calles y avenidas.

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