Samuel García - El Sol de México
A primera vista no. Las reformas electorales suelen verse como un asunto exclusivo de la política. Pero cuando cambian las reglas del poder, la economía toma nota.
La iniciativa de reforma político-electoral presentada por la presidenta Claudia Sheinbaum se ha delineado bajo dos argumentos: abaratar el sistema electoral y hacerlo más representativo. Pero, más allá del discurso, el verdadero debate está en sus efectos sobre la estabilidad institucional y el equilibrio del sistema político.
En principio, una reforma electoral no altera variables como el crecimiento económico o el tipo de cambio. Pero sí puede tener tres implicaciones concretas con efectos sobre la economía: la fortaleza de las autoridades electorales, el equilibrio del Congreso y la señal institucional hacia los inversionistas.

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