Por: Isaac Katz - El Economista
En los últimos siete años hemos atestiguado el desmantelamiento de los contrapesos al ejercicio autoritario del poder. Durante el gobierno de López, dado que no tenía de su lado la mayoría calificada en el Congreso ni un Poder Judicial subordinado al Poder Ejecutivo, el ataque a estas instituciones se centró en el debilitamiento operativo de las organizaciones: recortando su presupuesto, dejar incompletos los órganos de gobierno (IFT, Cofece e INAI) o de plano capturándolos, como sucedió con la Comisión Reguladora de Energía, la Comisión Nacional de Hidrocarburos, la CNDH, el INE y el TRIFE.
Fue la captura de estos dos últimos organismos lo que le permitió a Morena y sus rémoras (PVEM y PT) que se les asignara, inconstitucionalmente, la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, mientras que en el Senado la alcanzaron con tres senadores que decidieron traicionar a sus electores (dos del PRD y uno del PAN). Ya con la mayoría calificada en el Congreso, la presidenta Sheinbaum, ahora sí, destruyó todo contrapeso: desaparecieron los órganos autónomos del Estado (IFT, Cofece e INAI), así como la CRE y la CNH, y la reforma del Poder Judicial que eliminó su independencia y de facto lo subordinó al Poder Ejecutivo, lo que junto con las reformas a la Ley de Amparo dejan desamparados a los individuos frente a actos de gobierno que violenten sus derechos.
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