domingo, 8 de marzo de 2026

Con el NO en la frente

Enrique Krauze - Sonora Presente

“¿Cuál es su mayor orgullo?”, pregunté a Daniel Cosío Villegas una tarde apacible en el jardín de su casa en San Ángel. Tenía 76 años de edad. Su hermano, el neumólogo Ismael Cosío Villegas, le había diagnosticado un enfisema en el pulmón y no le daba más de un año de vida. Me contestó con la claridad y firmeza que lo caracterizaban: “Las instituciones que fundé han sobrevivido”. Hoy, a 50 años de su fallecimiento, don Daniel vería con dolor la destrucción de una parte sustancial de su obra cultural, su ideario político y su legado moral

Solo los lectores que tienen aquella edad pueden recordarlo. Se trata de uno de los mayores fundadores que tuvo el México del siglo XX. “Don Daniel”, como sus discípulos le decíamos, nació en 1898 en la Ciudad de México. Tras vivir en Colima y Toluca, volvió durante la revolución: acudió a las clases que heroicamente impartía -entre apagones y balaceras- el filósofo Antonio Caso; se formó en el espíritu humanista de Pedro Henríquez Ureña y Alfonso Reyes, y en 1920 se incorporó al formidable proyecto educativo y cultural de José Vasconcelos. En ese momento sublime de creatividad encontró su vocación:

Hacer algo en el México nuevo que comenzó a fraguarse cuando todavía no se apagaba completamente la mirada de quienes cayeron en la guerra civil (…) moverse tras una obra de beneficio colectivo.

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