Salvador García Soto - Serpientes y Escaleras
Tal y como se sabía, la reforma electoral impuesta por la presidenta Sheinbaum, redactada sólo por morenistas militantes y que nunca buscó ningún consenso ni mucho menos diálogo con los actores políticos del país, nació muerta. La declaración de su deceso anticipado les llevó apenas un par de horas a la Cámara de Diputados, que decretó a eso de las 2:30 de la tarde de ayer miércoles, que la causa de muerte fue la insuficiencia de votos para su aprobación.
Y no, no hubo llantos ni lamentaciones desde el oficialismo, y mientras Morena le inyectaba sus 259 votos, incluidos los de 12 diputados del Verde que en realidad son morenistas embozados, la presidenta repetía desde su Palacio que el revés legislativo “no fue un fracaso” y que ella cumplió con mandarla, al tiempo que preparaba su anunciado “Plan B” que echará a andar con el apoyo de las bancadas de Morena, para darle la vuelta al rotundo rechazo a su propuesta constitucional, ahora con una iniciativa de reformas secundarias en materia electoral.
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