Rolando Cordera Campos - Periódico La Jornada
En 1995, la escritora Julieta Campos (se) preguntaba ¿Qué hacemos con los pobres? (México, Aguilar, 1995) y, si nos atenemos a nuestra falta de crecimiento y a la pésima distribución de los ingresos, la respuesta es contundente: poco o casi nada hemos hecho.
A lo largo del siglo, lo que en México ha prevalecido es un cuasi estancamiento económico del que se han nutrido las enormes brechas sociales y agudizado la desigualdad que nos marca “(…) el 1 por ciento más rico de la población –apenas 1.3 millones de personas– percibe 35 por ciento del ingreso total, posee 40 por ciento de la riqueza privada nacional (…) Esta concentración extrema convive con 18.8 millones de personas sin acceso a una alimentación nutritiva y de calidad, 38.5 millones con carencias sociales o ingresos por debajo de la línea de bienestar (…)”. Así se consigna en el informe de Oxfam México Oligarquía o democracia: Nueve propuestas contra la acumulación extrema en México, donde se recoge la falta de políticas y acciones que detonen el crecimiento económico y pongan coto a esta desigualdad.

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