Alberto Aziz Nassif - El Siglo de Torreón
El mensaje de la presidenta Sheinbaum con motivo de su Segundo Informe de gobierno llegó en un momento particularmente complicado. El balance es híbrido, a pesar de que no se habló de los problemas del país, con la única excepción de la relación con Estados Unidos en materia de aranceles, todos los días nos enteramos de que México atraviesa por una situación difícil. Por supuesto la versión oficial es que todo va muy bien y, en palabras de la presidenta: “Vamos mejor, tenemos rumbo”. Ahora la presidenta recorre el país y lleva el mensaje del 1 de septiembre a todos los estados.
En nuestra cultura política domina la idea de que el informe de gobierno es para dar un mensaje muy optimista, con cifras que apoyan los avances en todas las políticas públicas. Eso de pedir autocrítica o reconocimiento de problemas no pertenece al género de los informes presidenciales. No lo hizo el PRI, ni el PAN y tampoco Morena. Lo que ha cambiado es el ritual, terminó el 1 de septiembre como día del presidente, luego llegaron los días contra el presidente y, al final, nos quedamos con los informes sin presidente.
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