martes, 28 de julio de 2026

Nuestra odisea

Denise Dresser - El Siglo de Torreón

“Háblame, Musa, de un hombre complicado”. Así comienza “La Odisea”. No del hombre perfecto.

No del héroe invencible, sino del hombre complejo, astuto, contradictorio.

Christopher Nolan conserva esa esencia. Odiseo no es sólo el vencedor de Troya; es quien comprende demasiado tarde que la victoria que lo hizo célebre también inauguró la destrucción del mundo al que quería regresar. Al introducir el caballo de Troya, rompió para siempre la ley de Zeus: el pacto de hospitalidad, la confianza entre extraños, las reglas que sostenían la civilización.

Ganó una guerra. Perdió una época.

Ése podría ser también el prólogo de nuestra propia odisea. Porque el viaje de Odiseo revela que un mundo terminó y otro comienza. Eso parece estar ocurriendo en México. Nuestra Edad de Bronce fueron los treinta años de la transición democrática: imperfectos, frustrantes, incapaces de derrotar la corrupción o la desigualdad, pero construidos sobre una convicción sencilla: el poder debía tener límites. Había árbitros, órganos autónomos, jueces independientes, reguladores, prensa libre, alternancia.

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