Isaac Katz - El Economista
La semana pasada hice un breve análisis del Índice de Estado de Derecho elaborado por el World Justice Project. Como mencioné, tanto en el puntaje agregado del índice (40/100) como en cada uno de sus ocho componentes o categorías analizadas, México sale reprobado; es decir, vivimos en un país con un notoriamente débil Estado de derecho y ello cuesta. En este artículo profundizaré en tres de los componentes: corrupción, justicia civil y mercantil, y justicia penal, mismos tres que destacan por haber sido los peor calificados.
En la categoría de ausencia de corrupción, México se situó en el lugar 134 de un total de 143 países analizados, con un puntaje asignado de 27/100 (misma calificación que en el Índice de Percepción de la Corrupción elaborado por Transparencia Internacional). La corrupción es como la Hidra de Lerna, la serpiente de múltiples cabezas en la mitología griega. Hay cuatro grandes tipos de corrupción y todos ellos imponen un costo a la sociedad, uno que actúa como un impuesto sobre el desarrollo económico.
El primer tipo es lo que podemos denominar como la corrupción "al menudeo". Ejemplos: los pagos al policía para evitar una multa de tránsito; en un hospital público para obtener una cita o una receta; en una escuela pública para obtener un lugar para el hijo; a un policía ministerial para inclinar una investigación, etcétera. En todos estos casos hay una negociación que lleva a una transferencia de riqueza del agente privado al funcionario público para obtener una ganancia o para minimizar la pérdida.
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