Por: Arturo Damm Arnal - La Razón de México
Que haya deflación quiere decir que, con la misma cantidad dinero, al paso del tiempo, se puede comprar una mayor cantidad de los mismos bienes y servicios, lo cual, ceteris paribus, es condición necesaria para minimizar la escasez y maximizar el bienestar. Ceteris paribus, es decir, si todo lo demás constante.
El problema es que, todo lo demás, comenzando por la producción, los empleos y los ingresos, no permanece constante: puede empeorar o mejorar. La mala deflación lo empeora: va acompañada de menos producción, por lo tanto, más escasez, menos empleos y menos ingresos, por ello menos bienestar. La buena lo mejora: va acompañada de más producción, por ello, menos escasez, más empleos y más ingresos, por lo tanto, más bienestar.
La mayoría de las críticas a la deflación son a la mala deflación. Éstas son las más socorridas: se posponen las compras, esperando precios más bajos, lo cual puede ocasionar una espiral deflacionaria; se reducen los ingresos de las empresas, afectando su rentabilidad; se incrementa el peso real de las deudas, las familias y las empresas enfrentan una carga financiera mayor. Centro la atención en la primera.
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