Carlos Ramírez - El Independiente
La iniciativa de reforma electoral que se presentó ayer no es más que la expresión superficial de tres graves problemas políticos: la falta de ciudadanía frente al Estado, partidos políticos como expresión (Michels, 1919) de una oligarquía profesional y la búsqueda del poder sin pasar por las reglas de la democracia formal.
La respuesta la encontró Fernando Escalante Gonzalbo, en su tesis de doctorado: Ciudadanos imaginarios, sociedad producto de gobiernos manipuladores que usan recursos públicos para comprar lealtades, de élites dirigentes que se aferran a las posiciones de poder y de partidos que carecen de ideología y de representación social.
El único que le encontró la cuadratura del círculo de la organización política mexicana fue el presidente Lázaro Cárdenas en 1938 cuando dio el salto cualitativo del Partido Nacional Revolucionario del Maximato callista a una estructura partidista que representaba las posiciones irreconciliables de clase del modo de producción capitalista al organizar el partido de los no propietarios: obreros, campesinos, clases medias, profesionales y burócratas del Estado.

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