Carlos Ramírez - El Independiente
La exigencia del Palacio de Invierno de Palenque de aprobar una reforma electoral parcial y “sin cambiarle una coma» podría convertirse en una derrota política que reduciría márgenes de movilidad de Morena en su meta de mayoría calificada de dos terceras partes de la Cámara de Diputados y desde luego que impactaría en reducción de espacio para las presidenciales del 2030.
La decisión heredada rompió con dos criterios vigentes del viejo pero vigente sistema político priista: “molestia que no te moleste, no la molestes” y “no hagas ningún cambio en la incertidumbre”, y la tardanza de Palacio Nacional para enviar a la Cámara de Diputados la iniciativa de reforma electoral solo reveló que el Gobierno perdió las expectativas de beneficios y se convirtió en un listado de mermas.
Lo paradójico del asunto radica en el hecho de que la legitimidad y la legalidad de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo es mayor a la que tuvo el presidente López Obrador en su sexenio, pero el costo de credibilidad democrática podría manchar algo que el instructivo lopezobradorista no parece tener registrado: el legado histórico propio de la primera presidenta de México y no como imposición lopezobradorista.

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