Salvador García Soto - Serpiengtes y Escaleras
Como aquel viejo coronel de García Márquez que carecía de amigos o personas que le escribieran, la Presidenta de México carece, no de escribanos, amanuenses o aduladores (sobre todo de esos últimos le sobran) pero sí de operadores políticos efectivos y experimentados. No hay en su gabinete, en ninguna de las posiciones y menos en las que se supone que tendrían esa función, políticos con la habilidad, la experiencia y lo que en política llaman “mano izquierda” para negociar, dialogar y resolverle crisis o problemas sin que sea ella la que tenga que desgastarse ante la falta de acuerdos.
El mejor ejemplo de esa carencia de personajes, hombres o mujeres que sepan operar políticamente para la Presidenta, es lo que le está pasando con su iniciativa de Reforma Electoral que nomás no ha podido presentarla al Congreso ante la falta de acuerdos y consensos, ya ni siquiera con la oposición, a la que su propuesta no tomó en cuenta, pero sí con los aliados legislativos de Morena -el PT y el PVEM-, que han puesto en jaque a la Presidenta y su proyecto de reforma, ante la incapacidad y cerrazón de ella y su gabinete para negociar y convencer de la validez de su propuesta.

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