Carlos Elizondo - El Siglo de Torreón
El dilema parece ser siempre el mismo. Si se descabeza a las organizaciones criminales, se fragmentan y el vacío de poder incrementa la violencia. Si no se enfrentan, el grupo más violento crece hasta volverse un riesgo de seguridad nacional.
Es un falso dilema. No hay una estrategia de apaciguamiento al crimen organizado que haya funcionado. El sexenio pasado fue un fracaso. Si bien hubo detenciones de algunos capos, la instrucción era evitar la confrontación.
El caso extremo fue el "culiacanazo" del 17 de octubre de 2019. El mensaje fue claro: si atrapan a un capo, y ello provoca suficiente violencia, el gobierno lo suelta. La muestra más visible de la relación de aquella administración con el crimen organizado fueron las al menos 6 visitas de AMLO a Badiraguato, la tierra de "El Chapo", incluido el haberse bajado de su vehículo a saludar a su madre el 29 de marzo del 2020. En ese contexto, el crimen se extendió a nuevos mercados y conquistó territorios. El CJNG se volvió, según los expertos, la organización criminal más poderosa del mundo.
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