Carlos Ramírez - El Indpendiente
La memoria política de la sociedad sigue funcionando con eficacia: a 35 años de que el presidente Salinas de Gortari le entregó Teléfonos de México, con 85 años a cuestas y como el principal contratista de los gobiernos de la 4T, el empresario Carlos Slim Helú no se ha podido deslindar del origen de su fortuna: un regalo del Estado priista.
El modelo de fortunas empresariales construidas al amparo de contratos u obsequios del régimen en turno, que fue una de las estrategias centrales del régimen priista, se le conoce ya en términos analíticos como “capitalismo político” o “capitalismo del poder”, es decir, el Estado priista en modo capitalista construye su casta empresarial con personajes que pasan a formar parte de la élite del poder.
El caso de Slim es muy singular: su grupo empresarial que lo potenció a ser el hombre más rico la América Latina con más de 100,000 millones de dólares de fortuna nació justo en el momento en que según la conseja popular a veces no alcanzaba siquiera a pagar los pasivos mensuales de sus tarjetas de crédito; recibió Telmex y a partir de ahí construyó un bloque de poder económico-político que se expandió a otras áreas de la producción, pero siempre con el beneplácito del poder público: López Obrador refrendó el título de concesión de Telmex.

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