lunes, 3 de febrero de 2025

ARANCELAZO

Jesús Silva Herzog -El Pulso de San Luis

El presidente Trump ha dejado ya las amenazas y ha pasado a los golpes. Unos días después de regresar a la Casa Blanca se ha lanzado, no en contra de sus enemigos, sino contra sus principales socios y vecinos con medidas de una hostilidad injustificable. Canadá y México reciben trato de enemigos. El vecino del norte y el del sur son, sin duda los principales afectados por la embestida proteccionista. Los primeros en la lista de venganzas de presidente Trump. Para dar muestra de poder, para cumplir su oferta de campaña, para complacer a su base electoral Donald Trump ha decidido lanzar las bombas económicas. El presidente es claro en su motivación: no lo mueve el desequilibrio en el intercambio sino lo que él define como una emergencia de seguridad. La fundamentación de aranceles contra sus vecinos es abiertamente bélica. La imposición del castigo se basa en poderes extraordinarios concedidos a los presidentes para combatir a sus rivales en una emergencia. Así debe entenderse la decisión de Trump: como una declaración de guerra comercial.

El impacto de las medidas que acaba de anunciar la Casa Blanca será brutal en la economía mexicana. No tiene sentido tratar de azucararlas. Las consecuencias pueden ser devastadoras para una economía que no crece. No hay Plan Zeta que pudiera suavizar el trancazo. Nuestro principal motor trabajará con un freno que le ha sido impuesto desde fuera. Una economía estancada recibe ahora un golpe terrible e indiscriminado. La plataforma norteamericana que ha sido la chispa de su dinamismo vive el peor momento de su historia. No es solamente el anuncio de los aranceles sino la incertidumbre y la desconfianza que se han impuesto. El socio mayor de este espacio trinacional no ve en la alianza con sus vecinos un consorcio útil para encarar el futuro. 

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