Rolando Cordera Campos - Periódico La Jornada
A todo lo largo de las décadas de los 60 y 70, Cuba fue vista por muchos como un ejemplo y una experiencia ejemplar. De haber sido una suerte de vanguardia en el plano de las reformas sociales, en la alfabetización y otras proezas educativas, en la salud y la solidaridad con los pueblos de Asia y África, el régimen cubano que encabezaban Fidel Castro y sus camaradas pospuso y hasta rechazó cambios y mutaciones en el orden político y del Estado que le dieran a ambos capacidades ciertas de sustento y reproducción.
La fuerza que Fidel dirigía rechazó los cambios que le habrían dado solidez y resortes para lidiar con las amenazas de todo tipo articuladas por el rechazo militante a toda idea que buscara implantarse en las fronteras de la potencia mayor del orden capitalista. Eso era, fue y sigue siendo una visión inaceptable e inconcebible, así ocurriese por las vías del pluralismo democrático que años después recorrerían el presidente Allende y sus coaliciones comprometidas con el cambio al socialismo por medio de la democracia.

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