Por periodistasdigitales
¡Qué mal momento! Justo en la víspera de Semana Santa, cuando las costas de Veracruz y Tabasco se preparaban para recibir ese tanque de oxígeno que representa la derrama económica del turismo, el mar nos envía en sus olas una realidad amarga: manchas de chapopote.
Y no es solo una mancha en el agua; es una mancha en la economía de miles de familias que esperaban estos días para sobrevivir el resto del año. Y mientras los hoteleros y restauranteros miran con angustia el horizonte, la respuesta oficial parece venir de otro planeta.
Primero nos dijeron que eran “unas gotitas” y cuando el tamaño del desastre fue imposible de ocultar, el guion cambió: la culpa no es de la casa, la culpa es —¡vaya sorpresa!— de una empresa privada contratada en el sexenio de Peña Nieto.
Lo curioso, lo que alimenta el sospechosismo, es el misterio: se habla de un barco, pero nadie sabía dónde estaba, hasta que «lo descubrieron». Se culpa a una empresa, pero nadie dice su nombre. Es un «barco fantasma» con un «dueño del pasado».

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