Por:Arturo Damm Arnal - La Razón de México
“Nos falta crecer”, reconoció la presidenta Sheinbaum en su participación en la Convención Bancaria. Qué bueno que lo hizo, por todo lo que depende del crecimiento, comenzando por el bienestar, que es el fin de la economía: que la gente viva bien, que viva mejor. No puede haber bienestar sin crecimiento, y no puede haber mayor bienestar sin mayor crecimiento. Ello, para un gobierno que ha hecho del término bienestar una marca, debe ser importante.
El bienestar depende de la cantidad, calidad y variedad de los bienes y servicios de los que se dispone para la satisfacción de las necesidades, mismos que pueden obtenerse de dos maneras: por la generación personal de ingreso a través del trabajo, que es la que corresponde a la dignidad de la persona, o por la redistribución gubernamental del ingreso, con el gobierno quitándole a Juan una parte de lo que, por ser producto de su trabajo (su ingreso), es de él, para darle a Pedro lo que, por no ser producto de su trabajo (su ingreso), no es de él. En el primer caso el bienestar es el resultado del trabajo propio. En el segundo del trabajo de los demás, no porque Juan decida compartir parte de su ingreso con los demás, sino porque el gobierno lo obliga a compartirlo, lo cual es injusto, porque viola el derecho de propiedad privada, de Juan, al producto íntegro de su trabajo, de su ingreso.
Sea de la primera manera, o de la segunda, para lograr bienestar (fin inmediato de la economía), se necesita generar ingreso, y para conseguir mayor bienestar (fin mediato), se requiere generar más ingreso o, dicho de otra manera, que la economía crezca más.
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