Caludio Ochoa Huerta - Sonora Presente
Venezolanos que escaparon de la dictadura querían ser testigos de la caída del responsable.
Entró jorobado, todavía con algunas dificultades en el tobillo derecho que le impiden caminar sin cojear. Son los estragos de su captura el 3 de enero, en Caracas y a mano de los cuerpos élite de Estados Unidos. Después de 80 días preso, Nicolás Maduro ha perdido un buen número de kilos. No menos de 10, calculo. Ya no tiene cachetes ni papada. Solo le queda la piel aguada, entre la barbilla y el cuello. Ya no más de aquel abdomen abultado que movía mientras bailaba al ritmo de Yes Peace Not War, la canción que inventó para tratar de contener la furia de Donald Trump en su contra, pero que solo sirvió para incrementarla, según han recogido los diarios estadounidenses. Los brazos también han perdido tono. Se ven todavía más delgados debajo de la amplia camisola color caqui que porta, junto con un pantalón del mismo tono. Me pareció verle más canas, tanto en el copete, como en el bigote que algún día inspiró la figura de superhéroe de la que todo mundo se burló.
Venezolanos que escaparon de la dictadura querían ser testigos de la caída del responsable.
Entró jorobado, todavía con algunas dificultades en el tobillo derecho que le impiden caminar sin cojear. Son los estragos de su captura el 3 de enero, en Caracas y a mano de los cuerpos élite de Estados Unidos. Después de 80 días preso, Nicolás Maduro ha perdido un buen número de kilos. No menos de 10, calculo. Ya no tiene cachetes ni papada. Solo le queda la piel aguada, entre la barbilla y el cuello. Ya no más de aquel abdomen abultado que movía mientras bailaba al ritmo de Yes Peace Not War, la canción que inventó para tratar de contener la furia de Donald Trump en su contra, pero que solo sirvió para incrementarla, según han recogido los diarios estadounidenses. Los brazos también han perdido tono. Se ven todavía más delgados debajo de la amplia camisola color caqui que porta, junto con un pantalón del mismo tono. Me pareció verle más canas, tanto en el copete, como en el bigote que algún día inspiró la figura de superhéroe de la que todo mundo se burló.
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