martes, 18 de febrero de 2025

YUNES, ¿CUÁNDO COMENZARÁ EL DESLINDE DE SHEINBAUM?

 Jorge Zepeda Patterson - Milenio

MOISÉS BUTZE

La corrupción en la esfera política es hoy mucho más preocupante que nunca. Y no necesariamente porque haya aumentado, sino porque se ha politizado. La polarización ha provocado que la corrupción sea percibida como una mácula menor y tiende a diluirse frente al poder absolutorio que otorga la lealtad política. La impunidad era ya una infamia cuando obedecía a la corrupción de los funcionarios; pero cuando, además, es tolerada por supuestas razones de conveniencia política, se convierte en una tragedia.

Para ilustrarlo habría que recordar que durante el sexenio de Enrique Peña Nieto se iniciaron procesos penales contra tres de sus gobernadores (Veracruz, Quintana Roo y Chihuahua) y no precisamente porque su administración fuera más honesta, todo lo contrario; más bien por la debilidad del Ejecutivo frente al peso de la opinión pública y el resto de la sociedad. Esa presión ya no es relevante, por lo visto. Es tal el dominio de Morena sobre dos de los tres poderes (y próximamente también el judicial), su control de las gubernaturas o su popularidad, y es tal la debilidad de los contrapesos, que el riesgo de impunidad es enorme. Hoy, el único contrapeso real frente a la corrupción en las altas esferas es el de la Presidenta. Y, hasta este momento, no ha comenzado a ejercerlo.

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