Carlos Ramírez - El Indepediente
El objetivo del presidente Trump de ingresar a México para aplastar y borrar de la faz de la tierra a los cárteles del narcotráfico que producen y contrabandean droga a Estados Unidos se ha topado con un escudo de seguridad nacional de México que podría frustrar en el corto plazo sus órdenes de extraterritorialidad.
El mensaje que dejó la designación como director de la DEA de un exagente operador en México, Terrance “Terry” C. Cole, no va a implicar un aumento inmediato de operaciones de la agencia norteamericana antinarcóticos porque el gobierno del presidente López Obrador blindó con mucha solidez el funcionamiento de las oficinas de la DEA en México con modificaciones a la Ley de Seguridad Nacional mexicana que obliga a todas las agencias a limitar operaciones en territorio nacional.
Asimismo, la Casa Blanca no le encuentra la cuadratura del círculo de la orden que dio el presidente Trump al Departamento de Justicia y de ahí al Departamento de Estado para iniciar las operaciones inmediatas que tengan por objeto la desarticulación de cárteles mexicanos, y además la orden deja muy en duda si se refiere a las representaciones criminales dentro de Estados Unidos o si fue una orden que implicaría violación de la territorialidad mexicana para enviar tropas de las fuerzas especiales o marines a realizar incursiones ilegales en las zonas territoriales sobre todo del Cártel de Sinaloa y del Cártel Jalisco, con objetivos destructivos que generarían sin duda inestabilidad social y violencia en las calles mexicanas.

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