León Bendesky - Periódico La Jornada
Donald Trump no es un hombre que duda. Está dominado por las certezas. Rebosante de ideas sobre una multitud simultánea de asuntos. Las convierte en decisiones de gobierno por medio de anuncios y órdenes. Mantiene una permanente presencia pública con constantes declaraciones e imposiciones. Recurre a la provocación, la amenaza y la intimidación.
La situación repercute directamente en la vida de la gente en su país. Se extiende a otras partes del mundo. Este último rasgo es significativo y podría decirse que representa las condiciones que hoy prevalecen. La atención volcada sobre él. Un real espectáculo.
Ha sido un primer mes de gobierno vertiginoso en el que Trump ha controlado por completo la escena política y social con sus posturas y su persona. Una forma expresa de ejercer la autoridad y la pretensión evidente de un control total. Esta es la esencia de su segundo mandato: autoridad y poder totales. El camino ya está trazado.
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