A la presidenta Claudia Sheinbaum se le están acumulando las crisis de los mandatarios estatales de Morena que resultaron ser pésimos gobernantes y, peor aún, envueltos en la corrupción y las presuntas relaciones con el crimen organizado.
Llegaron al cargo con la ola morenista que encumbró a Andrés Manuel López Obrador en 2018 y luego fueron cobijados por el manto de la impunidad del mismo líder del movimiento. Hoy, la factura de sus desastrosos gobiernos la está pagando el movimiento y la propia Sheinbaum, que ha tenido que otorgarles protección y carga a cuestas con la instrucción de no “desampararlos”.
En el cuadro del “deshonor” o “lista negra” están el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, el exgobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco, el exgobernador de Veracruz, Cuitláhuac García, y el exmandatario chiapaneco Rutilio Escandón, a quien la titular del Ejecutivo tuvo que salir a defender la semana pasada en su conferencia de prensa por los señalamientos de presuntas relaciones con el crimen organizado.

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