miércoles, 5 de febrero de 2025

¿EL HOYO DE DONA O DE DONALD?

 Serpientes y Escaleras

Salvador García Soto - Expreso

Convertido en el mandamás del mundo, imponiendo sus aranceles para amedrentar países y reclamando, con un discurso expansionista, territorios, canales y mares para su "América Grande", el presidente Donald Trump dista mucho de ser sólo un barbaján descontrolado y detrás de su estilo golpeador y pendenciero, hay toda una estrategia para tratar de imponer sus visiones proteccionistas en la economía, antiinmigrantes en su política interna y antiglobalizadoras, como parte de su estrategia para recuperar el liderazgo estadounidense en la agenda mundial.

Por eso muchas de sus ideas, que parecen por fuera simples ocurrencias, deben revisarse con cuidado. El nuevo Trump, empoderado y engallado por su popularidad interna y externa, no es para nada el presidente de su primer periodo y hoy tiene, además de una agenda política marcadamente de ultraderecha, toda una estrategia para cumplir todos y cada uno de los objetivos que se trazó en su reconquista del poder y tiene prisa por lograrlos, sabedor de que le quedan sólo tres años y poco más de 11 meses para aterrizar todos sus planes.

Entre esas ideas alocadas que muchos han desestimado, aduciendo que no pasa de ser un tema anecdótico y que él puede inventarse los nombres que desee, está su decisión de cambiarle el nombre al Golfo de México para denominarlo ahora Golfo de América. México, que es el primer país involucrado y afectado con esta decisión, ha respondido sólo con retórica historicista y con cierto desdén, aduciendo que el nombre original del Golfo compartido fue establecido por la ONU y no puede modificarse, más allá de que Estados Unidos le llame como quiera a la parte de aguas patrimoniales que le corresponde en esos mares.

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