Soraya Pérez - El Economista
En un entorno financiero cada vez más regulado, competitivo y marcado por la aceleración tecnológica, la colaboración entre el sector público y el privado dejó de ser una aspiración para convertirse en un elemento estratégico de política económica. A nivel global, los sistemas financieros más sólidos no son necesariamente los más grandes, sino aquellos capaces de articular cooperación efectiva entre autoridades, reguladores y sector privado para diseñar soluciones conjuntas.
La colaboración público-privada en el ámbito financiero no implica concesiones ni sustitución de funciones del Estado. Se trata de esquemas estructurados de trabajo donde cada actor aporta capacidades complementarias: el sector público define objetivos de política, salvaguardas regulatorias y marcos de supervisión; el sector privado contribuye con innovación, tecnología, experiencia operativa y conocimiento de mercado. Cuando estos elementos se alinean bajo reglas claras y mecanismos de rendición de cuentas, el resultado es un sistema más eficiente, transparente y resiliente.
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