- Las elevadas tasas de desempleo en España y Grecia demuestran que la crisis todavía persiste
El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, acaba de
dictar una lección de realismo que debería entenderse más allá de la
división convencional entre partidarios de la estabilidad y defensores
de las políticas expansivas. Lejos de aceptar, como proclaman los más
optimistas (entre los que se cuentan los Gobiernos del norte de Europa y
algunos del sur) que la crisis ha terminado, Juncker recuerda —en una
entrevista que hoy publica EL PAÍS— que España y Grecia aún sufren
elevadas tasas de paro; y que para sostener que las dificultades han
pasado hay que conseguir primero que el desempleo descienda a los
niveles normales, que bien pueden entenderse como los anteriores a la
crisis. Juncker propone pues una visión de la situación económica menos
atenta a la estabilidad (finanzas públicas) que al bienestar de los
ciudadanos europeos.
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