Santiago Carbó / El País
Probablemente, con las herramientas disponibles, no esté habiendo otro
modo de luchar contra el blanqueo de capitales que la cooperación
bilateral y parece que es una buena opción en ausencia de acuerdos más
globales. Que en el mundo hay paraísos fiscales no es novedad alguna. Lo
que resulta irritante es que existan tratamientos escandalosamente
distintos de la fiscalidad y de los movimientos de capitales separados
por muy finas fronteras políticas.
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