La austeridad desperdicia la ocasión para fomentar el crecimiento y compensar el deterioro demográfico
Si uno lee la prensa económica y los comunicados oficiales del FMI o del
G20, observa los lamentos de los políticos europeos, o escucha los
comentarios en las conferencias de economía internacional, debería
concluir que tanto el mundo como Europa tienen un problema con Alemania.
Con un superávit por cuenta corriente de más del 7% del PIB, una
política fiscal restrictiva, y un bajísimo nivel de inversión pública,
Alemania da muestras de operar en un universo económico intelectual
paralelo. Las autoridades alemanas argumentan que el superávit por
cuenta corriente y el equilibrio fiscal son muestras de fortaleza y que,
por tanto, no hay nada que cambiar o debatir.
La prensa alemana es aún más radical, y el ciudadano alemán vive
aislado de las críticas. La posición alemana puede tener sentido desde
el punto de vista de una parte de la sociedad alemana, pero no lo tiene
desde un punto de vista europeo o global. Para cambiarla, hay que,
primero, entenderla.
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