Queda claro que una de las presiones que pudiese haber sobre la Presidenta –por parte del sector duro de Morena– puede vincularse con el sufragio ciudadano para la revocación de mandato, previsto para el 2028
Es evidente que la Presidenta está en medio de un fuego cruzado, presionada por las peticiones de extradición del gobierno norteamericano y, por otra parte, resintiendo la presión de gente cercana al expresidente López Obrador –y al sector duro de Morena–, quienes le exigen protección para los señalados y que se niegue su extradición, lo cual se ha cumplido al pie de la letra con Rocha Moya e Inzunza.
Con cuál de las dos partes la mandataria prefiere quedar bien es irrelevante. Ella trata de evitar tanto el conflicto interno como el externo, según se percibe. Sin embargo, ¿cuánto tiempo más podrá durar la paciencia norteamericana? Un día le reconocen su esfuerzo y al otro le critican y exigen mayores resultados.

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