Joseph E. Stiglitz / El País
A la conclusión de su cumbre celebrada en marzo en Durban,
los dirigentes de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS) anunciaron su
intención de crear un nuevo banco de desarrollo, encaminado a “movilizar
recursos para proyectos de infraestructuras y de desarrollo sostenible en los
BRICS y en otras economías en ascenso y países en desarrollo”. No se puede
sobreestimar la importancia de esa decisión. Para empezar, refleja los enormes
éxitos en materia de desarrollo sostenible de los cuatro últimos decenios —el
PIB agregado de los BRICS es ahora mayor que el de los países avanzados cuando
fundaron las instituciones de Bretton Woods— y el reequilibrio de la capacidad
económica mundial que entraña. De hecho, esa decisión demuestra la capacidad y
disposición de los BRICS para cooperar entre ellos en beneficio propio y del
mundo entero. Los mercados en ascenso y los países en desarrollo están tomando
el futuro en sus manos en un momento en el que los países ricos se las arreglan
como pueden para resolver sus problemas autoinfligidos.
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