Fernando Esteve Mora / El País
La crisis de deuda en la eurozona está planteando dos problemas. De un
lado, el más inmediato es el de cómo afrontarla. Y aquí el pésimo diseño del
entero sistema euro se traduce en que no hay alternativa real a los países
deudores fuera de la austeridad y de la devaluación interna como única
esperanza de que, vía el crecimiento de sus exportaciones, se compensen en algo
los efectos recesivos de esas políticas, a la vez que la mejora de sus
desequilibrios exteriores les permitan ir pagando sus deudas más desahogadamente.
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