Raymundo Riva Palacio / Eje Central
¿Alguien,
con el mínimo sentido de soberanía, puede estar en contra de la
decisión del presidente Enrique Peña Nieto de recortar las actividades
tácticas y de inteligencia que el gobierno de Felipe Calderón autorizó a
Estados Unidos en territorio mexicano? Nadie, por supuesto, pero el
gobierno estadounidense, como hace cada vez que quiere presionar a su
vecino, abrió información confidencial a su prensa para ratificar desde
el anonimato su molestia porque se les cortaron privilegios sin
precedente, aprovechando la carencia del gobierno peñista de una
estrategia clara de combate al crimen organizado.
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