Mari Luz Peinado / El País
“La elección de México
se ha hecho de una manera muy deliberada”, dijo la semana pasada Rupert
Stadler, el presidente de Audi. Lo hacía mientras ponía la simbólica primera
piedra de la planta que ya se construye en San José Chiapa, en el Estado
central de Puebla. Este municipio albergará la segunda planta de la compañía
alemana en México y supondrá una inversión de 1.300 millones de dólares. Sus palabras, como la decisión de
establecerse en este país, tampoco eran improvisadas: México es, cada vez más,
un dulce destino para las empresas automovilísticas.
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