Gustavo Duch Guillot* / La Jornada
Al tomar el avión que
conecta Johannesburgo (República de Sudáfrica) con Maputo (Mozambique)
se quedó impresionado. En su trayectoria profesional apoyando
movimientos campesinos y gestionando programas de cooperación
internacional, Fernando, que hace ya dos décadas que viaja por muchos
países del mundo, nunca antes se había encontrado en una situación como
aquélla. Todos los asientos del avión, desde la primera hasta la última
fila, estaban ocupados por
hombres de negocios. Su aspecto les delataba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario