JOHN DICKIE / EL
PAÍS
El 6 de enero de 1980,
Piersanti Mattarella, el líder democristiano del Gobierno
regional de Sicilia —en otras palabras, el político más importante de la isla—,
murió ejecutado cuando entraba en su coche para ir a misa con su mujer y su
hijo. Mattarella había emprendido una campaña para limpiar la concesión de
contratos por parte del Gobierno. Su esposa vio cómo se acercaba el asesino al
coche y le dio tiempo a suplicarle que no disparase.
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