martes, 31 de marzo de 2026

Santander, la colección Gelman y las contradicciones en la 4T

Mario Maldonado - Sonora Presente

La historia de la colección Gelman —uno de los acervos de arte moderno mexicano más importantes del mundo— dejó de ser solo un asunto cultural para convertirse en uno financiero y legal en el que están involucrados tanto el gobierno mexicano, una familia regiomontana y el tercer banco más grande del país: el español Santander, cuya presidenta y heredera, Ana Botín, mantiene buena relación con la presidenta Claudia Sheinbaum.

Todo comienza con Robert Littman, quien tras años de litigio logró hacerse del control de la colección de Jacques y Natasha Gelman. Durante casi dos décadas la mantuvo itinerante bajo la lógica de preservar su integridad y respetar las restricciones legales mexicanas que impedían su salida definitiva. Intentó venderla en México en bloque, con un precio cercano a los 300 millones de dólares, sin éxito.

El punto de quiebre llegó en 2023, cuando Marcelo Zambrano Alanís —sin trayectoria en el mundo del arte ni presencia en patronatos o circuitos museísticos— accedió a una parte sustancial de la colección por una cifra estimada por debajo de los 200 millones de dólares. La operación no se hizo con capital propio. Se estructuró con financiamiento, lo que desde el inicio convirtió a las obras en activos sujetos a la presión de la deuda.

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