Carlos M . Urzua - El Diario de Coahuila
Los choques económicos que ha sufrido últimamente el país han tenido efectos diversos entre los estados. Por ejemplo, las cifras de la inflación a nivel nacional no representan necesariamente lo que en cada región ocurre. Hay entidades, como Oaxaca y Chiapas, donde el incremento de los precios puede ser significativamente mayor que en el resto de la República, porque sus cadenas de distribución, debido a la complejidad logística, son menos eficientes que en el resto del país. Así, la consecuente diferencia en la inflación, comparada con estados más competitivos en la distribución de mercancías, como por ejemplo Querétaro, puede llegar a ser en estos momentos del orden de 3%. De tal forma que una inflación anual de 6.5% en un estado puede ser al mismo tiempo de 9.5% en otro, una diferencia muy sustantiva.
Pero las crisis pueden revelar problemas estructurales aún más complejos. Comentábamos aquí la semana pasada acerca de la poca creación de empleos que se ha dado, tras la pandemia, en algunas entidades. A las entonces citadas hay que agregar la Ciudad de México, el caso ciertamente más preocupante. Dos años y cuatro meses después del inicio de la pandemia, la ciudad todavía tiene un déficit de puestos en el sector formal, comparado con los que tenía en febrero de 2020, del orden de 110 mil trabajadores.
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