Jorge Suárez Velez / El Financiero
Los recientes eventos políticos en México tendrán un enorme impacto
económico de largo plazo, pero su efecto inmediato será quizá marginal.
Sin duda, si la profunda crisis política fuese aprovechada para hacer
reformas de fondo que detonaran el desarrollo de un Estado de derecho
funcional, México atraería colosal inversión adicional en las próximas
décadas y podría aspirar a romper la llamada “trampa del ingreso medio” y
desarrollarse. Sin éstas, México está condenado a permanecer, en el
mejor de los casos, en una situación privilegiada entre las economías
emergentes; perpetuará su incumplida “promesa del mañana”. En el peor de
los casos, la crisis política provocará un viraje peligroso e
impredecible hacia el populismo. Si bien México tiene una estructura
institucional de la que carecen países como Venezuela, y un blindaje de
paradigma que proviene de la arraigada estructura económica resultante
de dos décadas de Tratado de Libre Comercio de América del Norte,
podríamos presenciar un retroceso quizá irreversible.
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