Veracruz confirma el agotamiento de un modelo que cada vez sirve menos para generar sinergias
La 24ª edición de la Cumbre que se cerró el martes en Veracruz, México,
ha confirmado las debilidades de un modelo que ya no sirve para
fortalecer los vínculos entre los 22 países convocados —19
latinoamericanos más España, Portugal y Andorra—. Hay muchos elementos
que pueden explicar el deterioro de la fórmula, y no es menor el del
simple paso del tiempo, pero seguramente el de más importancia tiene que
ver con la proliferación de entidades regionales —CELAC, Unasur,
Alianza para el Pacífico, Mercosur, ALBA...— que compiten (muchas veces
entre sí) para favorecer determinadas alianzas en materias comerciales,
financieras, políticas o de proyección internacional. La crisis
económica, además, ya debilitó en su día el empuje de los países
europeos en estos encuentros, y esta vez ha sido la fuerte
desaceleración de muchos de los latinoamericanos la que reveló de manera
diáfana que las prioridades han cambiado. Demasiadas transformaciones, y
muchas muy profundas, para que sirva la misma plantilla.
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