El 90% de los nuevos empleos en un mundo digitalizado se crea fuera de Europa
Uno de los relatos de ficción científica de más calidad —y más
olvidados—, de Isaac Asimov se titula Sufragio universal. En él, las
elecciones democráticas están poco menos que obsoletas: los ordenadores
de la época (año 1955), unos armatostes, acumulan la mayor parte de las
informaciones sobre las condiciones políticas, económicas y sociales y
calculan con qué programa se puede ganar. Sólo falta el candidato
oportuno, el “factor humano”. Con un pequeño número de variables (por
ejemplo, el PIB, el porcentaje de paro, el índice de precios al consumo,
o las posibilidades de una guerra de envergadura) se predice el
resultado de manera bastante ajustada.
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