El eurobanco anuncia que aumentará el balance en un billón de euros en dos años
Demostración de fuerza del capitán en pleno motín a bordo. Tras una semana cargada de tensión por las filtraciones y por la constatación de que cada pronóstico sobre la economía europea es peor que el anterior, el presidente del Banco Central Europeo,
Mario Draghi, aprovechó ayer la que pudo ser la reunión más complicada
de su mandato para dar un sensacional golpe de autoridad. No hubo
decisiones de calado en Fráncfort. Pero sí otro capítulo de esa
modalidad de la política monetaria europea que los analistas denominan
“intervención verbal”: el jefe del BCE anunció que el consejo de
gobierno acordó por unanimidad (con Alemania, por tanto, a favor)
encargar a los altos funcionarios del banco “la preparación de medidas
adicionales por si son necesarias”. Agotado ya el resto de la munición y
con la economía, aun así, metida en una trampa mortal, ese eufemismo de
las “medidas adicionales” implica que están más cerca las compras de
deuda pública y privada a gran escala. El quantitative easing (QE) de los norteamericanos, británicos y japoneses ya está a la vista en Europa.
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