Raymundo Riva Palacio / El Financiero
La captura de José Luis Abarca despertó expectativas universales
para conocer el paradero de 43 jóvenes que fueron secuestrados en Iguala
el 27 de septiembre y que no se sabe qué pasó con ellos. Apostar a que
las declaraciones de Abarca permitan descubrir su paradero y suerte, es
ignorar, en el caso que admitiera ser culpable de los delitos que se le
imputan mediáticamente –está preso sólo por homicidio y delincuencia
organizada–, cómo operan las líneas de mando en las organizaciones
legales y criminales. Abarca y su esposa María de los Ángeles Pineda
Villa, acusados de la desaparición, pueden declararse inocentes y
difícilmente se les podrá probar responsabilidad en el caso de la
desaparición de los jóvenes porque falta el eslabón perdido.
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